| 
Eduardo
Abela Villarreal
(La Habana, 1889-Ídem,
1965)
Graduado en la Academia de
Bellas Artes de San Alejandro, La Habana, perfecciona
sus estudios en España y Francia entre
1921 y 1924. En 1927 exhibe en Paris un conjunto
de de óleos y dibujos en los que ya palpita
con fuerza su búsqueda de lo intrínsecamente
cubano. Colabora con Revista de Avance
(1927-1929), expresión literaria de la
renovación estética que proponía
el naciente modernismo cubano. En el contexto
de la dictadura de Gerardo Machado, Abela trabaja
la caricatura política, creando uno de
los personajes más célebre de la
prensa cubana de todos los tiempos: El Bobo, manifestación
de la lúcida agudeza y la mordacidad del
criollo, así como de su natural capacidad
para burlar la censura por medio del humor y la
ironía.
En 1933 es designado Cónsul
en Milán, lo cual le posibilitará
estudiar el renacimiento italiano. En esta década
los guajiros y el paisaje cubano ocupan sus temas,
y su obra Guajiros es premiada en la
Exposición Nacional de Pintura y Escultura
de 1938.
En 1937 dirige el Estudio
Libre de Pintura y Escultura, en el que también
colaboran otros artistas de la vanguardia como
René Portocarrero, Mariano Rodríguez
y Alfredo Lozano.
En 1950 pinta El caos, que
establece una ruptura con sus temas y ambientes
de la década anterior y el comienzo de
una nueva etapa de creación, caracterizada
por la experimentación abstraccionista.
En 1952 es nombrado embajador de Cuba ante la
UNESCO.
De vuelta a la figuración,
Chagall y Klee se le vuelven mentores. Las atmósferas
y personajes adquieren calidad de sueño,
y un aura de fantasía y de mágica
irrealidad preside los cuadros. Técnicamente
emplea gruesos empastes y aplica el sentido del
accidente en pintura.
En 1964, un año
antes de su muerte, se organiza en la Galería
de La Habana una gran exposición retrospectiva
de su obra.
|