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Carlos
Enríquez
(Zulueta, Las Villas,
1901-La Habana, 1957)
En 1920 viaja a los Estados
Unidos y estudia pintura en la Pennsylvania Academy
of the Fine Arts. Expone sus primeras obras en
1925 en la Asociación de Pintores y Escultores,
La Habana, y desde entonces se suma a esa suerte
de cruzada de los artistas cubanos de vanguardia
por un arte moderno, desembarazado de atavismos
académicos. Colabora con la Revista de
Avance y participa en 1927 en la trascendental
exposición de Arte Nuevo.
Parte a Europa en 1930 y radicado
en Francia establece vínculos estrechos
con el surrealismo, de ahí el giro que
toma su pintura a partir de ese momento.
De regreso en Cuba expone en la sociedad Lyceum
pero sus obras escandalizan al público
y la exposición es clausurada. Finalmente
exhibe en el bufete del abogado, historiador de
la ciudad y destacado intelectual cubano Emilio
Roig de Leuchsenring
En este momento inicia su
etapa más característica y brillante,
que transita fundamentalmente por dos caminos:
una interpretación poética del folclore
montuno desbordada de sensualismo, cuya cúspide
es El rapto de las mulatas; y un segundo camino
donde ensaya la estilización de la realidad
social del campo cubano, cuyo mejor ejemplo quizás
sea El rey de los campos de Cuba.
Definida por las transparencias,
la nota expresionista, los colores vibrantes,
el sensualismo endógeno su pintura es siempre
intensa, veraz, resonante y orgánica.
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